Crearme, recrearme, vaciarme, hasta que el que se vaya muerto, de mí, un día, a la tierra, no sea yo...

Juan Ramón Jimenéz


Distincia

>> viernes, 13 de octubre de 2017

A veces prefiero imaginar que no existe para no ne­cesitarla. Pensar que ya no la pienso para que ma­ñana no me duela. Ese es el secreto de que todos los días me enamore más de ella. Es que no espero verla siempre. Incluso, en las horas de la tarde cuando el ocaso es un manto violeta sobre las montañas siento que ya no la siento. Empiezo a no extrañarla. Es de­cir, para encontrarla un poco hay que olvidarla otro tanto. Por eso, la distancia es ella marchándose to­dos los días a mi encuentro.

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Claridad

>> sábado, 7 de octubre de 2017


Así el malestar sea general, te duelan los huesos, la irritabilidad te queme la garganta, soportes una ausencia parecida a un dolor en los huesos y tengas los ojos irritados... Es prudente encender una vela y orar por la calma, el amor y el equilibrio. Siempre hay respuestas Tocad la puerta del corazón y el universo empieza a manifestarte en milagros.

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Entusiasmo a destiempo

>> martes, 26 de septiembre de 2017


Desde hace un tiempo decidí acercarme a las personas desde otra perspectiva, una más tranquila, que permita conversar un poco más. Pues, han sido muchos los encuentros donde lo importante se ha disipado por lo urgente y después de unos días de lo mismo solo queda el agotamiento. Sin embargo, al tomar esta determinación se me acercó una mujer comprometida, dispuesta a todo conmigo. Me dije: "Enrique ahora que no quieres una relación te llega una oportunidad inimaginable e irracional". Ella argumentó que veníamos de otras vidas, que recordaba muchas cosas conmigo, que me había demorado mucho en encontrarla, que podía separarse y dedicarse a mí el resto de la vida, que esto, que aquello... Ante esa oferta me sentí abrumado. No me interesó en que las cosas me llegaran tan fácil. 
En mi casa, después de muchos mensajes sin responder, sin ganas de explicar por qué no quería salir con ella, con varias excusas para evitar un encuentro... ella se apareció. Abrí la puerta y estaba con un hombre que resultó ser su compañero.
Se sentaron en el mueble y más que incomodo estaba asustado. Él hombre me miraba de pies a cabeza. Yo sudaba. Ella me preguntó sin anestesia, ¿estás de acuerdo en que mi esposo nos dé el visto bueno? Estuve en silencio. El hombre no dejaba de mirarme. Parecía que estaba más por ella que por él mismo. Yo no quería estar con ninguno. Ella volvió a preguntar. Tragué saliva. Estaba aterrado. Era como si de pronto me cayera sobre la cabeza un ladrillo. Abrí la boca y respondí que "no". Argumenté que estaba comprometido con otra persona. Ella se quedó con la boca abierta y después de vociferar algunas palabras de fuerte calibre, salió de la casa cerrando la puerta con violencia. El hombre me dio la mano y dijo que agradecía mi sinceridad. Pues fue él quien le habló de nuestro encuentro en vidas pasadas. Era un último entusiasmo antes de que se viera recluida en una cama. Ella tenía una enfermedad terminal y viviría unos meses. No supe qué responder. Estreché la mano del hombre y lo vi partir a paso lento y seguro. 

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Cuentas saldadas

>> martes, 19 de septiembre de 2017


Hay un momento en la historia de todo hombre que el instinto deja de primar, por el hecho de que el fruto de los encuentros se basa más en los enredos emocionales que en la posibilidad de estar bien consigo mismo. Eso lo entendió José cuando vio por ultima vez  a Julia. Ellos se  habían aferrado a la idea de un imposible que les ayudaba a soportar la cotidianidad con sus parejas. Sin embargo, en el último encuentro José se sintió distinto. Era como si por las grietas que había hecho de sus relaciones entrara por fin la luz de la cordura y se sintió algo incómodo al saber que en casa lo esperaba su esposa. Intentó dialogar con Julia y ella, desconcertada, con el rostro descompuesto, como si los gestos no encontraran una expresión, le dijo que ese era el último encuentro. Él quiso detenerla, como en otras ocasiones, sin embargo, esta vez, la dejó ir. No sabía muy bien porqué, pero se sentía tranquilo  y sin culpa.   

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Un silencio callado

>> martes, 12 de septiembre de 2017


A veces anhelas tanto estar en silencio, que cuando por fin estás solo, callado y asilado, sientes un silencio tan aturdidor que te asustas y te duele el espacio y le haces el quite a la soledad.

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